Sobre las críticas legítimas, desunión y estrategias peligrosas de acoso.

🕔sábado, 3 de marzo de 2018 21:56


Vivir democracia es sinónimo de opinar, de expresar impresiones sobre cualquier asunto, de difundir con libertad sin temor a consecuencias, pensamientos, ideas y reflexiones. Ese derecho, constitucionalmente consagrado, enriquece a nuestra sociedad, permite debatir y confrontar proyectos, convencer a los demás con argumentos, o ser convencido cuando uno descubre que otro lleva más razón. También admite la discrepancia, el disentir de lo que otras personas opinan, y que ambas partes mantengan una certeza razonable de respeto hacia sus postulados. Vivimos -convivimos, mejor dicho- en un equilibrio permanente de opiniones, ideas, propuestas y proyectos que, nos hacen más grandes a todos, reforzando una sociedad plural, diversa y apasionada, como es la española.

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