Torremolinos se convirtió en un tribunal público donde muchos decidieron que ya no hacía falta ni investigación ni autopsia. Solo bastaban titulares, ruido y prejuicios contra quienes llevamos un uniforme.
Hoy, la realidad pone las cosas en su sitio. La autopsia confirma que la causa de la muerte fue una reacción adversa a las drogas en un cuadro de delirio agitado.
Y ahora, ¿quién repara el daño? ¿Quién responde por el linchamiento mediático y social? ¿Quién devuelve el honor a los compañeros que solo estaban cumpliendo con su deber?
Defender la actuación policial cuando ya se conocen los hechos es fácil. Lo difícil es hacerlo cuando hay presión, cuando hay ruido y cuando hacerlo no es popular.
Nosotros lo hicimos desde el primer momento. Sin esperar. Sin escondernos.
Porque hay algo que debería ser incuestionable: la defensa de los policías no puede depender del viento mediático.
Hoy no pedimos aplausos. Pedimos memoria. Y, sobre todo, lo que queremos es que esto sirva para recordar cuál debe ser siempre la razón de ser de los sindicatos policiales: defender a los policías, sin matices y desde el primer instante.
Porque detrás del uniforme hay profesionales… y también personas.
POLICÍAS QUE DEFIENDEN POLICÍAS
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