
El balance es alarmante: al menos 14 heridos (algunas fuentes elevan la cifra a 19-28, incluyendo internos, vigilantes y trabajadores), entre ellos 12 agentes de la Policía Nacional con lesiones leves por resistencia y agresiones directas.Este no es un incidente aislado: el centro acumula tensiones previas por la presencia de bandas juveniles, y fuentes confirman que el conflicto involucraba grupos organizados como Black Panther y DDP, con enfrentamientos premeditados.
Lo más grave: la violencia no fue espontánea, sino un acto de desafío organizado contra las autoridades. Los agresores buscaban confrontación, y entre los implicados se han detectado mayores de edad o relacionados en estos entornos delictivos, lo que agrava la situación al mezclar adultos con menores en un espacio de supuesta reeducación.
Esta violencia no cesa. Mes tras mes, vemos agresiones a funcionarios, motines, intentos de linchamiento y un clima de impunidad que se alimenta de la falta de control efectivo. Mientras tanto, el Gobierno central parece más ocupado en regularizar masivamente a inmigrantes irregulares que en expulsar de inmediato a quienes agreden a policía. ¿Cuántos compañeros más deben pagar con su integridad física la permisividad política y la ausencia de medidas firmes?
Esta impunidad no surge de la nada: se nutre de un discurso político que, desde ciertos sectores, alimenta el odio contra la Policía al calificarla constantemente de "racista" o "represora". Cada vez que se estigmatiza a los agentes con acusaciones generalizadas de racismo institucional —sin pruebas concretas en la mayoría de casos—, se legitima actuar contra ellos, se erosiona el principio de autoridad y se envía un mensaje claro a los delincuentes: "agredir a un policía sale barato porque son los malos". Este relato, amplificado en debates públicos y redes, ha contribuido al aumento descontrolado de
agresiones, donde los atacantes actúan con total descaro y sensación de respaldo ideológico.
No toleraremos más que nuestros compañeros arriesguen su vida por la inacción y vigilaremos muy de cerca las medidas que se toman sobre lo sucedido. Señalaremos con nombres, apellidos y cargos las personas que tienen responsabilidad en lo sucedido y no aplican medidas efectivas, ya sea por incapacidad o porque los policías no les importamos.
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